Me faltaba por contaros lo mejor del viaje a Bolivia, aunque en principio se presentaba como lo peor… Las enseñanzas y descubrimientos de este viaje son lo más “relatable” a los amigos.
Llegué a Bolivia el día 13 de diciembre, desde Buenos Aires a Santa Cruz. Tras una breve toma de contacto, a la mañana siguiente, día 14 salimos para Sucre, donde estaba la “zona caliente” y nos interesaba especialmente todo lo que allí pasase. Nuestra intención era volver al día siguiente, sábado e ir el lunes a La Paz con “el del ágora“. La falta de tecnología y los caprichos meteorológicos nos depararon a modo de sorpresa una estancia de dos noches más en un hotel antológico, preciosista, colonial y acogedor.
Resulta que la torre de control de Sucre carece de rádar o elemento similar capaz de hacer que los aviones aterricen en el lugar al efecto cuando llueve. Así que deja de haber conexión, así, sin más. La alternativa sería un montón de aviones aterrizando al buen tun-tún en lomas adyacentes.
En la mañana del domingo, decidimos que ya estaba bien de tanto esperar. Los pronósticos auguraban la misma suerte hasta el viernes… En la sala de Internet conocimos al que después sería nuestro “angel de la guarda”, Ramiro. Hoy es comentador de este blog y amigo en la distancia, así como esclarecedor de todo tipo de dudas en las que hace gala de un alto nivel de erudición. Hasta entonces sólo era el “señor de PIL”. Para vuestra información os cuento que PIL es algo así como aquí Leche Pascual.
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